En el corazón del desierto del Sahara, bajo el sol implacable del Nilo, una civilización se alzó con una obsesión que atravesó siglos: la muerte no era el fin, sino el principio de un viaje eterno. Una transición hacia un mundo donde los campos eran eternamente fértiles, donde el alma sería juzgada y, si era digna, alcanzaría la inmortalidad.
En esta tierra de dioses y jeroglíficos, los rituales funerarios eran complejos, cargados de simbolismo y profundamente humanos. Cada amuleto, cada cántico, cada vendaje en el cuerpo momificado tenía un propósito: proteger al difunto en su paso por el inframundo.
A finales del Imperio Medio (c. 2050 –1650 a.C.), y durante el Imperio Nuevo (c. 1650-1070 a. C.) los egipcios perfeccionaron sus rituales funerarios, sus creencias en el más allá y su arte de preservar el cuerpo y el alma. ¿Qué conjuros señalaban el camino después de la muerte? ¿Qué papel jugaban los dioses en el juicio final? ¿Por qué la muerte era, en realidad, una promesa de vida?
Acompáñame en este viaje al otro mundo, donde momias, tumbas excavadas en piedra, sarcófagos y papiros nos revelan una visión profundamente espiritual de la muerte, tejida con magia, justicia divina y un anhelo eterno de trascender.
Bibliografía
David, R. (2003). Religión y magia en el Antiguo Egipto (Trad. al español). Editorial Crítica / Grupo Planeta.
Fotografía Archivo personal Santiago Garcia-Herreros

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