Para los egipcios, la vida eterna comenzaba por vivir con virtud…

«…No he cometido injusticia contra los hombres. No he empobrecido a los pobres. No he hecho sufrir a nadie. He dado pan al hambriento, agua al sediento, vestido al desnudo…»
(Confesión negativa del alma ante Osiris, según un conjuro del Libro de los muertos)
Esta confesión no solo era un pasaje al más allá, sino un reflejo del ideal ético que guiaba la vida egipcia. Una vida vivida con justicia era la llave a la inmortalidad.

El pilar de la vida de los egipcios

La idea de la vida eterna era uno de los pilares fundamentales de su religión y de su visión del mundo. Los egipcios creían que el universo funcionaba según un orden sagrado, representado por la diosa Maat (representada con cuerpo de mujer y una pluma de avestruz en la cabeza), símbolo de la verdad, la justicia, la armonía y el equilibrio.

Durante su vida, cada persona debía actuar con rectitud, decir la verdad, respetar a los dioses, cumplir con sus deberes familiares y sociales, evitar los actos de injusticia, codicia o violencia. La virtud no era solo una conducta moral, sino una forma de participar en el equilibrio del mundo. Los egipcios creían que el caos, llamado Isfet, era el enemigo de Maat, y que el mal comportamiento humano contribuía al desorden del universo. Por eso, vivir en armonía con Maat era tanto un deber individual como una responsabilidad colectiva.

Amanecer sobre el rio Nilo

Esta idea se reflejaba claramente en las creencias funerarias. Al morir, el alma del difunto debía presentarse ante Osiris, el dios de los muertos y juez del más allá. En el llamado “Juicio de Osiris”, el corazón del difunto era colocado en una balanza y pesado frente a la pluma de Maat. El corazón simbolizaba la conciencia y las acciones del individuo a lo largo de su vida. Si el corazón era liviano y equilibrado, significaba que la persona había vivido con justicia y virtud, y se le permitía entrar al Aaru, el paraíso egipcio, un lugar de paz, abundancia y felicidad eterna.

Por el contrario, si el corazón era pesado por las mentiras, los crímenes o la falta de respeto hacia los demás y hacia los dioses, era devorado por Ammit, un ser monstruoso con cuerpo de león, hipopótamo y cocodrilo. En ese caso, el alma del difunto desaparecía para siempre, condenada al olvido. Por eso, los egipcios procuraban llevar una vida moralmente correcta, para evitar ese destino y asegurar su inmortalidad.

Vivir con virtud para la vida eterna

Egipcios actuales a orilla del rio Nilo

La vida terrenal era una preparación para la eternidad, y solo aquellos que habían actuado con justicia, verdad y equilibrio podían continuar existiendo después de la muerte. La virtud, en definitiva, era el camino hacia la inmortalidad.

La muerte fue el centro de su religión, su arte y su ciencia: una transición que exigía preparación, pureza y fe en la eternidad del alma; vivir con virtud no era solo una cuestión de comportamiento humano, sino una expresión de respeto hacia el orden divino.

Actividad de Refuerzo

“Debate del alma y el corazón” (actividad reflexiva)
Objetivo: Analizar los valores morales del pensamiento egipcio.
Instrucción:
Plantea esta pregunta para debate o comentarios:
“En el juicio de Osiris, el corazón del difunto debía ser más liviano que la pluma de la verdad. ¿Qué valores o acciones humanas actuales crees que serían juzgadas de la misma forma?”

Bibliografía

Assmann, J. (2005). Death and salvation in ancient Egypt. Cornell University Press.

Ikram, S. (2022). Muerte y enterramiento en el Antiguo Egipto: El camino hacia la eternidad. Almuzara.

Taylor, J. H. (Ed.). (2010). Journey through the afterlife: Ancient Egyptian Book of the Dead. Harvard University Press.

Camps Vives, E. (2014). Pensamiento y religión en el Antiguo Egipto [Tesis de licenciatura, Universidad de Barcelona]. Repositorio Universitario.

Fotografías Santiago Garcia-Herreros Archivo Personal

Comentarios

Deja un comentario